lunes, 21 de septiembre de 2015

sigue los sigientes pasos para la paz interior

Al observar el mundo,en tan gran parte reducido a la pobreza, me sentía más y más intranquila por tener tanto mientras mis hermanos y hermanas padecían hambre. Yo tenía que llegar a encontrar otro camino. La crisis llegó cuando, desesperada y tras profunda búsqueda de un modo de vida significativo, caminé toda una noche por una arboleda. Llegué a un claro iluminado por la luna y oré. Me sentí decidida completamente, sin reserva alguna, a dar mi vida -- a dedicar mi vida -- a servir. `¡Usame, te lo ruego!' imploré a Dios. Y una sensación de gran paz me sobrevino. Puedo decirte que esto es un punto sin retroceso. Después de ello, nunca podrás volver a una vida sólo centrada en ti mismo. 


Y así pasé a la segunda fase de mi vida. Comencé a vivir para dar todo lo que pudiera en vez de recibir todo lo que pudiera, y entré a un mundo nuevo y maravilloso. Mi vida comenzó a tener sentido. Recibí la gran bendición de una buena salud; no he tenido un resfriado ni un dolor de cabeza desde entonces (la mayoría de las enfermedades son inducidas psíquicamente). Desde entonces he comprendido que mi misión de por vida sería el trabajo en pro de la paz; que abarcaría toda la problemática de la paz: paz entre naciones, paz entre grupos, paz entre individuos, y la muy, muy importante paz interior. Sin embargo, existe una gran diferencia entre el estar dispuesto a entregar tu vida y el realizar esa entrega en la práctica, y para mí hubo entre ambos quince años de preparación y búsqueda interior.

En esta época conocí eso que los psicólogos llaman el Ego y la Conciencia. Empecé a comprender que es como si tuviésemos dos yoes, o dos naturalezas, o dos voluntades con enfoques distintos. Debido a que esos dos enfoques eran tan diferentes, sentí una lucha en mi vida, durante este período, entre los dos yoes con los dos enfoques. Así es que tuve altibajos, muchos altibajos. Entonces, en plena lucha, me ocurrió una experiencia extraordinaria, y por primera vez supe cómo era la paz interior. Sentí una unidad, unidad con todos mis semejantes, los seres humanos, unidad con toda la creación. Desde entonces nunca me he sentido realmente aislada. Podía regresar una y otra vez a esta excelsa cumbre y, además, podía quedarme ahí por períodos cada vez más prolongados y sólo ausentarme una que otra vez. Finalmente llegó una maravillosa mañana cuando desperté sabiendo que jamás tendría que descender de nuevo. Supe que para mí la lucha había terminado, que finalmente había logrado entregar mi vida, o sea, encontrar paz interior. Nuevamente éste es un punto del cual no se regresa. No se puede ya volver a la lucha. La lucha ya ha terminado porque tú deseas hacer lo correcto, sin necesidad de ser presionado


Sin embargo, el progreso no termina allí. Un gran avance ha habido en esta tercera fase de mi vida, pero es como si la figura central del rompecabezas de tu vida estuviera completa, clara e invariable, pero que por los bordes otras piezas siguiesen encajando. Siempre hay un borde creciente, pero el progreso es armonioso. Existe la sensación de estar siempre rodeado por todas las cosas buenas, tales como el amor, la paz y la alegría. Es como si te rodease una atmósfera protectora; y dentro de ti aparece algo inconmovible, que te hace pasar a través de cualquier situación que necesites enfrentar. 

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